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Fotograma: Patricia Morante
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Que se queden en casa
los incendiarios del bosque,
los taladores de la vida,
los sicarios del ecocidio.
Que se queden en casa
los usurpadores de la casa común,
los parricidas planetarios,
los asesinos seriales de la biodiversidad.
Que se queden en casa
los cazadores y los ejércitos invasores
y los generales y los gerentes generales
y los soldados que viven y mueren de obediencias.
Que se queden en casa
los enemigos naturales de la naturaleza,
los seres humanos que con naturalidad
dejan sin casa al resto de los seres.
Que se queden en casa
los fabricantes de cáncer
que sanitizan la piel de nuestros miedos
y fumigan pandemias sobre nuestras vidas.
Que se queden en casa
los vendedores de humo industrial
y sus pobres peones que agradecen
la apertura de nuevas fuentes de veneno.
Que se queden en casa
los hijos necios de la madre tierra,
los pastores del santo consumismo
con su mismo ecuménico fervor por el oro.
Que se queden en casa
los que te dicen que te quedes en casa
mientras esparcen virus de negocios
de pura cepa desalojadora.
Que se queden en casa todos ellos,
los terricidas, y que se cuiden mucho
de mi memoria y de mi libertad,
de mi carencia de todo, hasta de miedo.
Que se queden en casa, que no salgan,
porque a esta casa azul ya hay quien la cuide.
Daniel Aráoz Tapia, octubre 2020