Gildo Insfran, gobernador de Formosa: "responsable de los asesinatos y del brutal desalojo", según la declaración de Madres de Plaza de Mayo firmada por Hebe de Bonafini - Foto Infobae
Entierro de Roberto López, asesinado en el operativo de desalojo, donde también murió un policía (según los hermanos de la comunidad qom, cayó bajo las balas policiales) - Foto Página 12
ALTA TENSIÓN EN FORMOSA
Roberto López y los “nuestros”
Dicen que uno nunca termina de conocer a la gente. Cuando alguien muere "antes de tiempo", suele suceder que empezamos a descubrir cosas del muerto que antes ni siquiera imaginábamos. Tras conocer –vaya por caso– la muerte de una bella mujer, abogada, de 42 años, columnista de TV, por un cáncer de estómago, percibimos que la vida – o la muerte, como se prefiera decir – es definitivamente injusta. Yo siento que, de haberla conocido personalmente, hubiéramos tenido mucho que compartir, por afinidades culturales, profesionales y generacionales. Cuando murió Néstor Kirchner, un mes atrás, sufrí un golpe interior que me sacó de la modorra del feriado extraordinario. Y sin haber sido nunca partidario suyo, pensé al instante que era una pérdida temprana y penosa para la vida política de mi país. Muchos/as de quienes me rodean han ido descubriendo, en este mes de obituarios, catarsis y homenajes, distintos aspectos de la personalidad y la trayectoria del ex presidente de la Nación. Para muchos -me incluyo- fue una simpática sorpresa verlo en viejas fotos de pelo largo, allá por sus años juveniles previos a su conversión en magnate inmobiliario y caudillo provincial (cuando consideró a Menem, durante un tiempo y por esas conveniencias que ya se saben, como "el mejor presidente"), y mucho antes de permitir que el riojano jurase como senador en busca de los fueros salvadores, en vez de –por ejemplo– cortarle la huida con una justa y plausible operación política como la que se le hizo oportunamente a los represores Patti y Bussi., quienes también llegaban ungidos por el voto.
Volviendo al carismático abogado santacruceño, confieso que también me hubiera gustado conocerlo personalmente, al menos, como un valioso entrevistado para mi (¿alter?)ego periodístico. Hubiéramos podido intercambiar, acaso, algunas reflexiones políticas y chistes futboleros en torno a la pintoresca rivalidad “de barrio” entre la “Academia” y “El Diablo”; al menos, es la fantasía que me queda, aunque es muy probable que nunca me hubiera siquiera recibido, considerando que durante su mandato no era hombre de dar conferencias de prensa. Mi único salvoconducto para llegar a él, a falta de amigos influyentes, habría podido ser el hecho de que yo no trabajaba – ni tampoco trabajo ahora– para el Grupo Clarín (su antiguo socio con el que, felizmente, rompió relaciones en los peores términos), ni para ninguna otra agencia destituyente camuflada como empresa periodística.
AMIGOS SON LOS AMIGOS, PERO ¿HASTA CUÁNDO?
Uno nunca termina de conocer a la gente, dicen. A Kirchner, dicen también, le preocupaba sobremanera la investigación por el asesinato de un muchacho de 22 años en una cacería humana orquestada por una gavilla de la Unión Ferroviaria, brutal caso testigo de la represión tercerizada en democracia. Yo me entusiasmo imaginando al ex presidente, temperamental como era, empeñado en que el nombre de Mariano Ferreyra no fuera a convertirse en un nuevo caso de impunidad flagrante, en un nuevo Julio López. Me hubiera sorprendido gratamente si el presidente del PJ –hoy simplemente Néstor para el imaginario nacional y popular– se hubiera puesto la camiseta de este caso hasta lograr, como dijo nuestra presidente, que se castigue a los autores materiales y también a los responsables políticos de este crimen, en vez de bajar los brazos como hubo de hacerlo él mismo, en su presidencia, cuando a la larga no hizo prácticamente nada para encontrar al albañil que había atestiguado – y que era también querellante– en la causa contra el genocida Etchecolatz. Es sabido que, en más de cuatro años, jamás se tuvo noticias de este desaparecido en democracia, y mucho menos se encontró ni se identificó a los “desaparecedores”. ¿Habrán buscado bien?
Cuando repito aquello de que uno nunca termina de conocer a la gente, lo digo porque me pasa a mí, que fui siempre un escéptico y que terminé aplaudiendo algunas cosas que este gobierno hizo y/o impulsó. También le ocurre a la patética oposición, que aún parece soñar con una improbable victoria electoral sin advertir que están más divorciados que nunca de las mayorías populares. Y también parece haberle sucedido a este mismo gobierno, que empezó a conocer (¿?) a sus aliados en la medida –y sólo en la medida– en que le pateaban en contra. Antes de la 125, Cobos no era malo. Antes de atrincherarse en el BCRA con las reservas, Redrado era bueno. Hasta poco antes del asesinato de Mariano Ferreyra, el sindicalista empresario José Pedraza era un compañero más. Hasta su muerte natural en la dorada ancianidad, Manuel Quindimil fue un maestro y un modelo de militancia. Hasta la presidencia de Néstor, Lavagna era un buen ministro. Hasta hace unos días, nadie discutía si Scioli era bueno o malo, simplemente porque, como los otros, era de “los nuestros”. Hasta hoy, Moyano nunca fue colaborador de la Triple A, ni tampoco hizo negociados con el presidiario Zanola y las obras sociales, ni tiene nada que ver con el asesinato en Rosario de Abel Beroiz, tesorero de la Federación de Camioneros.
Hasta vaya uno a saber cuándo, Franco Macri (más allá de su lamentable vástago) es un ejemplo de empresario nacional, anfitrión de la Presidente en sus viajes oficiales de intercambio comercial con Oriente. Y hasta quién sabe cuándo, Gioja es un gobernador que vela por el suelo sanjuanino, que jamás persiguió ni apretó a quienes protestan contra la megaminería a cielo abierto en esa provincia. Ni lo hizo ni lo volvería a hacer, digamos.
Sumemos aho

ra: hasta la represión que asesinó a
Roberto López (más conocido mediáticamente como “un toba muerto en el enfrentamiento”) y que incluyó otros heridos graves, detenciones de “mujeres y niños menores de edad por casi 24 horas” y quema de “viviendas y pertenencias de los ciudadanos atacados” (Página/12, 27-11-2010), hasta esa maldita jornada,
Gildo Insfran era uno de los gobernadores
“amigos”. Uno de
“los nuestros”. ¿Seguirá siéndolo?
ALTA TENSIÓN: ¿QUÉ ESTAMOS INAUGURANDO?
Mientras enterraban, sin flashes ni multitudes, a Roberto López en una ceremonia de bucólica tristeza bajo un sol quemante, Gildo Insfrán, gobernador reelecto y reelegible de Formosa, aliado de Carlos Menem en 1999, de Néstor Kirchner en 2003 y de
Cristina Fernández en 2007, redobló la apuesta para justificar el muerto (que al fin y al cabo fue un solo, y no dos aborígenes como se había informado, y que además tuvo como contrapartida un policía caído en el mismo episodio) y mandó a su ministro de Gobierno a declarar que los
tobas habían “disparado primero”. Esto no podría sorprender de un caudillo feudal, de un patrón de estancia de añeja impunidad, muy al tono con sus congéneres de San Luis, por dar un ejemplo. Lo curioso, lo definitiva y
trágicamente curioso fue que
Insfrán inauguró, mientras los "tobas" despedían a su (nuestro) hermano,
el primer tramo de la línea de alta tensión NEA-NOA, con la compañía y “bendición” –teleconferencia mediante– de la presidente de la Nación (lapoliticaonline.com, 25/11/2010), sin que la jefa de Estado le dedicara ni siquiera un maternal tirón de orejas por el criminal operativo de su policía provincial y del juez
amigo que lo autorizó.
Así como Cristina tuvo lucidez y cintura, en el acto por la batalla de la Vuelta de Obligado, para invitar en público a los intendentes de San Pedro y otras ciudades vecinas, a que pusieran a algunas calles de sus municipios el nombre de las mujeres que combatieron en aquella gesta anticolonial, ¿qué le impidió a esta dirigente política talentosa, brillante oradora, de reconocido sentido de la oportunidad y que gusta de romper protocolos en pos de la calidez y la mística militante, qué le impidió, me pregunto, dedicarle al viejo aliado formoseño un desaire ético y no hablar junto a él en un acto oficial, o en caso de decidir hacerlo, qué le impidió –insisto– comunicarle al émulo de Sobisch (y sobre todo al pueblo argentino) a través de una frase elocuente, precisa, condenatoria, que esos crímenes en democracia son doblemente aberrantes, que contrarían su proclamada voluntad de no reprimir la protesta social y que no se puede, sencillamente, reivindicar derechos de los pueblos originarios mientras se los masacra? Es casi como si la presidente hubiera inaugurado una sede gremial de la Unión Ferroviaria, o un barrio, o un centro médico de ese sindicato, con Pedraza a su lado, al día siguiente de la emboscada mortal contra los tercerizados del Roca.
En un gobierno que ha hecho de lo simbólico uno de sus dominios más y mejor transitados, este gesto presidencial resulta tan preocupante como inexplicable.
TOBAS LAS VOCES, TOBAS (EL OTRO LÓPEZ)
"Sólo por ser indios": una de las pruebas de la represión que exhibe el blog www.comunidadlaprimavera.blogspot.com
Esta vez, Cristina no parece haber escuchado a las
Madres, quienes denunciaron “al gobernador formoseño como responsable de los asesinatos y del brutal desalojo”, en una declaración firmada por
Hebe de Bonafini. El columnista
Mario Wainfeld reclama este sábado, desde
Página/12, que
“nada puede reemplazar la participación activa del gobierno nacional, que es imperiosa”. A su vez, la periodista
Sandra Russo había lamentado, desde
678, que el gobierno nacional no se hubiera pronunciado rápidamente acerca de este hecho que enlutó a “los hermanos tobas”. Debo decir que la ceremonia de inauguración descripta más arriba fue, lamentablemente, el peor de los pronunciamientos: el que
acompañó y legitimó al victimario.
En el país de los gestos y los mitos, hay muertos que son banderas, íconos o mártires, o todo eso junto. Otros son sólo cifras, y no de las más difundidas, como los 220 jóvenes asesinados en 2010 “por las balas policiales en los barrios o torturados hasta morir en cárceles, comisarías e institutos de menores” (según el último informe de la CORREPI, presentado hace pocos días). Otros, como Roberto López, son apenas una oscura y anónima noticia, de ésas que han de olvidarse o extinguirse antes de esclarecerse. En el país de los gestos y los mitos, una presidente que cosecha justificados aplausos por poner en su lugar a los represores del pasado, comparte actos oficiales con represores del presente. Mientras tanto, la memoria casi anónima de este otro López (que no es ya ni siquiera un albañil sino apenas un toba) nos interpela, desde la pérdida irreversible, sobre a quiénes elegimos como aliados y a quiénes cuidamos y defendemos como “los nuestros”. ¿Cuánta muerte más necesitaremos para conocer a cierta gente?
D.A.T. – 28/11/2010
Enlaces para informarte más:
http://www.comunidadlaprimavera.blogspot.com
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-157683-2010-11-28.html
http://www.lapoliticaonline.com/noticias/val/69554/cristina-inauguro-obras-junto-a-insfran-mientras-sectores-k-piden-la-intervencion-.htmlhttp://www.formosa.gov.ar/