martes, 3 de febrero de 2015

Leyendo a Mempo / De provinciano a provinciano (respuesta a su nota en Página)


Coincido con vos en lo fundamental: en que no se puede vivir creyendosin pensar. Y también coincido con vos en que quien sólo cree y no piensa, se vuelve adicto a odiar lo que no entiende, no acepta o no puede controlar. Esa es una característica de muchas personas que hoy ejercen el odio discursivo y cotidiano hacia un gobierno que ha cumplido casi doce años de gestión. Vos y yo sabemos básicamente de quiénes hablamos: ésos que dicen, como vos bien notás, que "estamos en una dictadura, o en Venezuela, etc.". No comparto, yo tampoco, esa mirada. Aunque tampoco comparto la tuya, y de eso quería hablarte, con el respeto de un lector que te admira y de un ciudadano que discrepa con algunas de tus posiciones políticas. 


Soy provinciano, como vos, y entiendo profundamente tu visión crítica de las clases medias porteñas. Sin embargo, y por eso mismo, creo que muchos de nosotros los provincianos, a menudo llevados por nuestras referencias culturales y simbólicas que se sitúan precisamente en la centralidad de la urbe, tendemos a adoptar -sin percibirlo quizás- una actitud o una mirada "porteña" del país. Por ejemplo, se me antoja que en tu caso (esto es una hipótesis respetuosa, desde ya), acaso por tu ubicación de intelectual destacado, con activa participación en medios porteños, tendés a creer que "el país está mejor" porque "los negros" pueden comprarse una moto y vacacionar. Este optimismo, que entiendo y respeto, creo que responde a cierta mirada benévola profundamente 'porteña' (que también la hay: no todo es gorilismo en la porteñidad, desde luego, y en eso acordaremos también). Esto que se me ocurre llamar mirada porteña benévola (para diferenciarla de la otra, la gorila-a-secas que simplemente ignora o desprecia al país "interior") se apoya en una idiosincracia -a mi modo de ver- profundamente paternalista, podríamos decir de buen corazón, que piensa que de lo que se trata es de darle a "los negros" una serie de mejoras que el cerebro desarrollista porteño estima necesarias, justas y posibles. Y yo creo que sí, que son muy necesarias, justas y posibles, pero aquí empieza mi punto para el debate: esas mejoras, según mi modo de ver, son parciales, interesadas y casi siempre llevadas por una intención clientelar, electoralista y hasta -esto quizás te va a sonar fuerte- chantajista. 


Paso a explicarme. Quien cree estar interpretando a 'la gente del interior', sólo está pensando en un sector ciertamente masivo de "choferes, gastronómicos, mineros, bibliotecarios, porteros, domésticas, peones y de mil oficios más" (cito de tu nota en Página), que son en definitiva una porción de las sociedades urbanas y rurales de las provincias. Pero -y aquí llego a mi punto, por fin- esa mirada y esa voluntad de interpretación de presuntas mayorías olvida -repito, olvida- a toda esa gente ignota que sigue excluida en Andalgalá, Malvinas Argentinas, Formosa y tu propio Chaco, si me permitís hablar de lo que para mí es un feudo del señor Capitanich a quien vos -y aquí podríamos debatir matices o miradas diversas- has considerado "un joven estadista", "un gobernador culto", "vigoroso, obsesivo, memorioso y disciplinado". Y en esos pocos ejemplos, acaso los pocos que han logrado cierta visibilización en los medios porteños gracias a las luchas y resistencias sociales profundas, en esos ejemplos, digo, nos encontramos con gentes y poblaciones reiteradamente excluidas, porque la mafia inmobiliaria, minera y/o sojera los desaloja sin piedad. En el programa de la TV Pública en que estuviste invitado, por caso, se ha hecho tiempo atrás una burla lamentable de las comunidades originarias. Con mucho dolor y asombro yo los escuché oportunamente repetir calumnias sobre el hermano Félix Díaz, por citar sólo un ejemplo no sólo de "odio", sino de límite ético-periodístico que se cruzó con una impunidad que nada tiene que envidiarle a Clarín. Aquello fue tan tristemente porteño, te diría más: tan odiosamente blanco...


Por esto te escribo, estimado y admirado Mempo: porque siento y creo, desde hace años, que lo que vos señalás con exactitud descriptiva sobre los "odiadores" que mezclan "lo cholulo con la antipatía" (me encanta y lo suscribo), esa actitud también (acá no estarás de acuerdo conmigo, pero de debatir se trata) se ve en y desde el elenco político que representa hoy el poder en nuestro país, y caso por caso, desde arriba hasta abajo, en el conjunto de sus dirigentes, comunicadores, referentes y mililtantes que se han convertido -empleando una metáfora que vos también usás- en "cruzados". Y aquí llego al punto que me llevó a escribir a mano alzada y sin mucha revisión estas líneas a la madrugada: cuando se actúa como Cruzados de la Fe, no hay lugar para debate alguno, sino que se está simplemente reproduciendo la conducta odiadora, intolerante y antipática que se pretende combatir. Con un agravante: se lo hace desde el poder, desde la responsabilidad que significa el hecho de estar defendiendo decisiones de estado tomadas, a menudo, en sintonía con el lobby de corporaciones trasnacionales y en contra de la voluntad popular expresada en sostenidas, casi heroicas resistencias que le niegan licencia social a esas corporaciones. No hace falta que yo te nombre auténticos mojones de resistencia cívica como Esquel y Loncopué, donde comunidades enteras plebiscitaron emprendimientos mineros y eligieron cuidar la vida y la salud pública antes que esas tramposas "inversiones" de corporaciones extranjeras. Tampoco voy a abundar aquí en el indefendible acompañamiento oficial para Monsanto en Córdoba, un ejemplo flagrante de falta de democracia donde se desconoce la voluntad popular y se prioriza el lobby corporativo, en un frente único con un gobernador "opositor" como el impresentable De la Sota, con el que aparentemente no habría nada en común. En este caso y volviendo a tus conceptos del odio y el miedo, te diría que al gobierno nacional y al provincial no los une el amor, sino Monsanto


Termino con esto: "hay que entender a los odiadores y apaciguarlos", como vos muy bien decís, porque "temen lo que les hacen creer que creen; lo que les parece que es mejor creer; lo que quieren creer". Y aquí me refiero no sólo a los opositores, como dije al comienzo de estas líneas, sino a los odiadores oficialistas, a los odiadores con poder, a esos que día a día congelan debates o directamente los cancelan sin abrirlos, cuando se trata de poner en discusión la matriz de desarrollo y producción. Yo pienso, estimado Mempo, que el neoliberalismo ha tenido un hijo bobo y peligrosísimo que hoy reina con la impunidad de un príncipe idiota: es ese capitalismo que podríamos caracterizar de "extractivismo colonial", "exportación saqueadora de naturaleza" y "desarrollismo irresponsable", ése que nos hace creer que hay que acunar, con esperanza, a la criatura frankensteiniana de la energía nuclear "pacífica" y abrir nuestro territorio a toda barbarie neocolonial como el fracking, los venenos agroquímicos, la explotación suicida de minería metalífera a cielo abierto y la expansión del boom inmobiliario (identificado ligera y cholulamente, como la venta de autos y motos, con un dudoso "progreso") que nos proyectan a un futuro inmediato de falta de agua, de salud y de soberanía política y alimentaria.  


Ojalá podamos debatir seria y ampliamente de esto: del desarrollo posible y de la centralidad de las corporaciones en el modelo productivo vigente. Ojalá salgamos de los debates mediáticos impuestos, de la nismanía y de todo su "aire enrarecido". Ojalá hablemos desde las diferencias, sin diálogos de sordos y más allá de lo que bien llamás monólogos de sordos de los odiadores "anti" y, con más razón, más allá del monólogo del poder político.


Para leer la nota citada de Mempo Giardinelli en Página/12 del lunes 2 de febrero de 2015: 

D.A.T. 

*Texto publicado en facebook como nota en: 
https://www.facebook.com/notes/dany-ar%C3%A1oz-tapia/de-provinciano-a-provinciano-o-leyendo-a-mempo-una-respuesta-a-su-nota-el-odio-e/806936596021466?pnref=story

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