Blancos pañuelosEste pañuelo blanco de mi cabeza
tuvo el pelo revuelto, las manos francas.
Le costaba dormirse, y a la mañana
era un gato gruñendo bajo la almohada.

Sé que tuvo un amigo que era vecino
del primo del cuñado de un estudiante,
sé que no tuve tiempo ni de mirarlo
para guardar sus ojos en mi garganta.
¡Cómo quisiera verte! ¿Dónde está tu mirada?...
Este pañuelo blanco de mi cabeza
siempre tuvo problemas con las palabras,
me costaba entenderlo, pero a la larga,
en su risa morian los fantasmas.
Sé que tuvo un amigo que era vecino
del primo de un psiquiatra politizado,
sé que no tuve tiempo ni de mirarlo
para guardar su risa y poder soñarlo.
¡Cómo quisiera oirte! Volverte carcajada...
Este pañuelo blanco de mi cabeza
se la pasó estudiando noches enteras,
yo le cebaba mates y sus amigos
me regalaban flores como a una abuela.
Sé que tuvo un amigo que era vecino
de un artista que hablaba cosas molestas,
sé que no tuve tiempo ni de mirarlo
para guardarme un poco de su fiesta.
¡Cómo extraño esperarte con las manos abiertas!
Este pañuelo blanco de mi cabeza
me dio muchos disgustos, no me quería,
Nunca paraba en casa, pero sabía
que la sopa que espera nunca se enfría.
Sé que tuvo un amigo que en su trabajo
fue delegado por el sindicato.
Sé que no tuve tiempo ni de mirarlo
para guardar sus puños y recordarlo.
¡Para encontrarte canto en las voces hermanas!
Este pañuelo blanco de mi cabeza
quiso tener estrellas en la frente,
quiso poner el mundo en un gran plato
y compartirlo con toda la gente.
Sé que se fue temprano, de madrugada,
que cuando lo llamaron no era su nombre,
sé que no tuve tiempo ni de mirarlo
para saber nombrarlo nuevamente...
¡Cómo quisiera verte dónde está tu mirada?
¡Cómo quisiera oirte, volverte carcajada...!
¡Cómo extraño esperarte con las manos abiertas!
Para encontrarte canto en las voces hermanas.
Javier Zentner
Esta letra siempre me pareció un bellísimo poema. Acaso porque (pero no sólo porque) fue la primera canción sobre los desaparecidos que conocí en mi vida, cuando todavía no sabía nada de nada, en mi adolescencia bajo la dictadura. Su construcción lírica impecable y sencilla, su voz de mujer de "manos abiertas" y "sopa que espera", su melodía dulzona y cadenciosa para cantar lo más triste del mundo... Hay un par de versiones más, pero mejor y más intensa que Grace Hildebrand no la cantó nadie, creo (hasta ahora al menos... me encantaría que mis amigas cantantes e intérpretes la graben y la hagan en vivo).